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El PoZillo es una revista cultural de Barrio El Pozo autogestionada, de edición bimensual. La llevamos a cabo un grupo de estudiantes que intenta recabar las necesidades reales de los vecinos.

09 junio 2011

Santiago Assenza: “todos los días te llevamos y te traemos a salvo”


Santiago Assenza es vecino de nuestro barrio. Por las tardes se desempeña como chofer de la Línea 2 y, entre los espejos de maniobra, observa lo que pasa en nuestras calles. Hace 32 años subió por primera vez a los estribos del colectivo provisoriamente y hoy, a los 52 años de edad, admite que quiere jubilarse. Entre mates nos cuenta cómo es el trato con los pasajeros y sus compañeros de trabajo, cual es el estado de la empresa y de suma relevancia para los vecinos. 

Una de las primeras mañanas de otoño del año se hace sentir. Con sol, pero sin calor, el tiempo se funde en un saludo calmo:
—Pasá, pasá, ¿te dormiste? -exclama Santiago dándome una palmada de bienvenida sobre la espalda-. Puedo sentir que esta acotación denota un fuerte compromiso con los horarios. Y sí, el oficio de colectivero tiene mucho de eso.
Toma asiento y me invita a acompañarlo. Estoy frente a un hombre robusto de espalda firme, que sonríe siempre que se presenta la oportunidad. Sus palmas pesadas toman posición sobre la mesa vidriada y, luego de un suspiro, se dispone a hablar con absoluta elocuencia. A medida que pasa el tiempo, vamos entrando en confianza y, sin perder la oportunidad, interrumpo una de sus historias:

—¿Cómo lograste entrar a trabajar de chofer?
—La posibilidad en realidad yo no la busqué. Cuando terminé el colegio secundario, rendí mal el ingreso a la Facultad de Agronomía y tuve que empezar a trabajar. En un principio estuve un año en el taxi de mi viejo, hasta que en el ´79 entré en los colectivos. Entré por 5 o 6 meses y después la vida hizo lo suyo. Pasaron los primero meses y con el primer aguinaldo me compré un autito: un Fiat 600. A partir de ahí, las expectativas de estudio se me vinieron abajo y el colectivo me empezó a gustar más.

—¿En qué líneas de colectivos fuiste chofer?
—Yo me inicié en la línea 8, donde trabajé alrededor de 25 años. En su momento se llamaba Línea Guadalupe, después pasó a ser Transporte Guadalupe (en la década del ´90). Llegando al 2000, ya vino el proceso económico malo. Las empresas empezaron a quebrar y se fusionaron para poder sobrevivir. De cuatro empresas se hizo una y comenzó a redistribuirse el personal. Entonces en ese año, que fue el 2004, a mi me trasladaron a la línea 2, donde trabajo actualmente.

—¿Te sentiste más cómodo ahí?
—Como comodidad para mi fue beneficioso, porque estoy cerca de mi casa. A mí antes me tocaba dejar el colectivo en Avenida Gorriti y Aristóbulo del Valle. Imaginate en ese lugar, a esa hora, no hay ningún colectivo que te busque a vos colectivero que recién terminás de llevar pasajeros, ¡que paradoja!
En ese sentido me benefició el traspaso porque ahora dejo el coche cerquita de mi casa. Pero me quedaron andentro 25 años compartidos con mis compañeros. Me hubiera gustado jubilarme en la Línea 8, pero las cosas son así -cuenta tratando de afinar sus palabras tristes, que ahora se enriedan en su garganta.

—¿Cómo es el trato con el pasajero de la línea 2?
—Hay usuarios y usuarios. El usuario tiene derechos, y a veces se cree con más derechos todavía.
Uno trata de que sea el mejor, de ser cordial con todo el mundo. Pero siempre hay quien te recrimina algo.
Yo siempre digo, hay cosas sobre las que yo francamente no te puedo dar respuestas. Suponte que un colectivo se avería y genera una demora 30 minutos. Es hierro, la mecánica se rompe, y entonces la frecuencia se distorsiona. El coche que llega está llevando quizás los pasajeros de dos colectivos. Entonces la gente te pregunta, y siempre está el que te viene a increpar como si vos fueras el responsable. Siempre está el que se sube y dice “el coche de adelante me dejó a pie”. Si yo vengo atrás, mi respuesta es decirle: “mirá no me retes a mí si yo te paré y te llevé”.

—¿Cómo es el trato con el resto del personal de la empresa?
—Imaginate que somos cincuenta y pico de compañeros, más los mecánicos y demás. Tratamos de que sea como todo ambiente laboral: lo más cordial posible, equilibrado... Sí te puedo decir que somos solidarios entre nosotros. Por ahí no somos amigos todos, pero si mañana hay un despido,  vamos a estar con ese compañero, para que nos den una razón de por qué lo echaron.
Obvio que también está la discusión, como en todo ámbito laboral grande.

—¿Conciderás que los coches se adecúan a las necesidades de los pasajeros?
—Con relación al pasajero común, yo opino que se brinda un servicio aceptable. No te olvides que estamos hablando de colectivos que son del año 2005 en adelante.
Para el pasajero con discapacidad, yo creo que recién se está intentando incorporar algunos colectivos con plataforma. Pero creo que todavía falta algo de tiempo para eso.

—Casualmente hace unos días se hicieron las prácticas de los primeros coches articulados, ¿vos pensás que esto podría ser una buena alternativa para mejorar el servicio?
No, definitivamente no -contesta con seria decisión-. Opino como chofer. Ese coche nos ocasiona más quehaceres. Hoy el tráfico es terrible. Ese coche tiene 18 metros de largo, y vos vas a ver cuando se baja el pasajero por una computadora. Y... No sé, para mí es someternos a una presión.

—En cuanto al salario, ¿se sienten conformes los choferes?
—Y si se analiza teniendo en cuenta otros salarios, te digo que estamos conformes. Si se mira desde el punto de vista del trabajo y de la presión a la que estamos sometidos, te digo que por ahí deberíamos ganar un poco más. Inclusive deberíamos reducir la jornada de trabajo.

—¿Cuáles son las herramientas que el trabajador tiene a mano para reclamar ante una disconformidad?
—Todo trabajador que esté agremiado, está mucho más protegido. La representación gremial es muy importante. Las herramientas que nosotros tenemos a través del gremio son las asambleas, los reglamentos de trabajo y las medidas de fuerza. Estas últimas a veces van en contra del usuario, y por eso tratamos de evitarlas. Pero, lamentablemente, cuando la situación se complica, es como se dice en la calle: “para comer tortilla, tenés que romper primero los huevos”; no hay otra alternativa.

—En los últimos meses el boleto aumentó a $2.30, ¿Qué podrías decir al respecto?
—Y bueno, para los empresarios parece que siempre es poco. Yo no sé si el precio del boleto es justo. No te olvides que nosotros tenemos un boleto subsidiado por el Gobierno Nacional, entonces $2,30 no es el precio real. Hay elementos para determinar si la tarifa es justa.
Por ejemplo, se puede hacer un estudio correcto sobre cuánto se destina a salarios, a insumos mecánicos, al combustibles, e inclusive, la parte de subsidios. Ahí tendrías que sacar cuanto valdría realmente el boleto. Esto yo “lo toco de oído”, porque me estoy metiendo en un terreno que no me corresponde.

—¿Te parece que la Linea 2 se encuentra en unos de sus mejores momentos?
—La empresa creo que no. Tuvo hace 2 o 3 años, su mejor momento. Hoy creo que decayó un cincuenta por ciento en cuanto al material rodante. Es decir, hay falta de mantenimiento (por eso se generan problemas de frecuencia). Los coches salen a la calle y se rompen porque no se les hace la revisión técnica que realmente necesitan. Hoy la frecuencia se mantiene porque los coches no son viejos, y porque nosotros hacemos lo posible.

—Si tuvieras la chance de cambiar algo dentro de la empresa, ¿Qué cambiarías?
Piensa algunos segundos mientras sostiene su mentón entre el dedo índice y el pulgar, y luego dispara:
—Indudablemente reduciría la jornada laboral. Las jornadas de 8:40 horas diarias, las bajaría a 7. Esto lo digo desde los 32 años de servicio y desde los 52 años de edad que tengo. Quizás un chofer de 20 años, trabaja sin ningún tipo de problemas. Pero yo estoy seguro de de que a los 8 años está odiando el colectivo. Tiene que ser todo proporcionado para que pueda llegar bien a la edad de jubilarse.
Esto es fundamental, porque nosotros transportamos gente. Con todos los problemas, con todas las historias, con todos los inconvenientes que tenemos. Ahí está la responsabilidad. Uno dice: “llegamos gracias a Dios”, y no valora que todos los días te llevamos y te traemos a salvo.

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