¿Quiénes somos?

El PoZillo es una revista cultural de Barrio El Pozo autogestionada, de edición bimensual. La llevamos a cabo un grupo de estudiantes que intenta recabar las necesidades reales de los vecinos.

09 junio 2011

Todos participamos



Después de un largo receso, vuelve a salir El PoZillo. En esta tercera edición buscamos darle una impronta más callejera y, a la vez, literaria. De este modo, historias de vidas y relatos poéticos locales, se funden en estas páginas.
Desde el diálogo entre los compañeros que se suman de a poco a la revista, decidimos promover las diversas prácticas culturales de nuestro barrio. En este sentido, comenzamos a recorrerlo, buscando en cada rincón, aquellas voces que suenan como murmullos, pero que necesitan ser oídas. El PoZillo abre sus puertas a todas las expresiones del arte que transitan nuestro territorio sin pedir nada a cambio. Arte, danza, cine, títeres, teatro, poesías y mucho más, van a ir, desde ahora, encontrando soporte en este medio.

A fulana no le gusta
Aprovechamos la ocasión para contarles que a fulana no le gusta la revista. Aquella señora de corta estatura y reacio carácter, alza su voz crispada y lanza al aire: “a mi no me gusta esa revista, no me gustan los comentarios que la gente pone”. Al menos fulana, se regocija leyendo El PoZillo.

Santiago Assenza: “todos los días te llevamos y te traemos a salvo”


Santiago Assenza es vecino de nuestro barrio. Por las tardes se desempeña como chofer de la Línea 2 y, entre los espejos de maniobra, observa lo que pasa en nuestras calles. Hace 32 años subió por primera vez a los estribos del colectivo provisoriamente y hoy, a los 52 años de edad, admite que quiere jubilarse. Entre mates nos cuenta cómo es el trato con los pasajeros y sus compañeros de trabajo, cual es el estado de la empresa y de suma relevancia para los vecinos. 

Una de las primeras mañanas de otoño del año se hace sentir. Con sol, pero sin calor, el tiempo se funde en un saludo calmo:
—Pasá, pasá, ¿te dormiste? -exclama Santiago dándome una palmada de bienvenida sobre la espalda-. Puedo sentir que esta acotación denota un fuerte compromiso con los horarios. Y sí, el oficio de colectivero tiene mucho de eso.
Toma asiento y me invita a acompañarlo. Estoy frente a un hombre robusto de espalda firme, que sonríe siempre que se presenta la oportunidad. Sus palmas pesadas toman posición sobre la mesa vidriada y, luego de un suspiro, se dispone a hablar con absoluta elocuencia. A medida que pasa el tiempo, vamos entrando en confianza y, sin perder la oportunidad, interrumpo una de sus historias:

—¿Cómo lograste entrar a trabajar de chofer?
—La posibilidad en realidad yo no la busqué. Cuando terminé el colegio secundario, rendí mal el ingreso a la Facultad de Agronomía y tuve que empezar a trabajar. En un principio estuve un año en el taxi de mi viejo, hasta que en el ´79 entré en los colectivos. Entré por 5 o 6 meses y después la vida hizo lo suyo. Pasaron los primero meses y con el primer aguinaldo me compré un autito: un Fiat 600. A partir de ahí, las expectativas de estudio se me vinieron abajo y el colectivo me empezó a gustar más.

Emitir el sufragio en tiempos modernos


Por el Staff de Redacción de El Pozillo

Otra vez se prendió la mecha electoral, pero esta vez con cambios en las reglas del juego. Desde El PoZillo nos propusimos difundir cuáles son estas mutaciones en el sistema electoral para que los vecinos del barrio no quedemos en off side frente a las urnas.
El Sistema de Boleta Única (SiBoU), que será implementado en las elecciones primarias del 22 de mayo, introducirá cambios drásticos en la praxis electoral santafesina. La abolición de las Boletas Partidarias, la reestructuración de los padrones eliminando la variante sexo y la incorporación del alfabeto Braille, son algunos de los cambios más trascendentes.

Testigo


Por Carlos Abad

Con una lágrima deslizándose sobre mi rostro puedo observar a la naturaleza agonizando entre sus melancólicos interrogantes. Ella, ahora prisionera de ese siniestro hormigueo incesante, divagando en sus espinosas nostalgias no logra entender el por qué de semejante injusticia.
Un perfecto silencio se apoderó de la noche, silencio que con el paso de los segundos se hacía más grave, y yo sin poder hacer nada me contentaba con el sólo hecho de atestiguar la decadencia.