Por Manuel Álvarez
A vos, la mejor amante de todas las enamoradas. La que jamás se cansa y nunca se rinde de perseguir a un sol que siempre se escapa y pocas veces comparten el mismo cielo. Ya nos hemos cruzado en muchas noches solitarias y todavía nos gusta darnos compañía. Siempre estás ahí para todos. Me gusta pensar que sobre todo para mí, para iluminarme al momento de reflexionar.
Esa que conoce mis pensamientos más profundos, que siempre está ahí para escucharme. Que mira las nubes pasar, así como yo miro las caras variar, sin hacer diferencia.
Noches de fiesta en las que me acompañaste hasta el amanecer. La dama de blanco brillante que se pasea entre las estrellas y el grueso oscuro de las noches. La que nos muestra lo que es la verdadera soledad, la que nos muestra el punto más infinito del ejemplo de lo olvidado, y aún así, nos sigue acompañando.
Aquí escribiré algunas palabras, referencias de amor, que se comparan con las letras que no me animaría a dedicarle a esa persona especial, por el "don" de la vergüenza. Permíteme decirte gracias, por haberme enseñado sobre paciencia, sobre dolor, perseverancia y hasta del amor.
Sabina dijo: "Yo canto mis soledades porque me sobran", pues yo creo que esa línea te la robo a vos, a la dama de blanco. Yo que he escuchado tu canción de persecución sin estribos, ahora te rindo homenaje. A usted señorita que le he contado historias de amor y lujuria, de corazones tan imposiblemente rotos como el suyo y de amarguras evocadas. Por suerte, déjame que te lo diga, tienes a tus estrellas, poco conversadoras pero fieles compañeras, así como yo tengo a mis compañeros de calles, vos los conocés, más de una vez te regalé algunas miradas estando con ellos. Ahí están para nosotros, son nuestras "estrellas personales".
Siempre me gustó compartirte mis soledades y aprender de la tuya. Gran maestra de los amores aplastados... Suspiro por vos. Una caricia le mando señorita, desde acá abajo, o arriba, depende como lo vea. Nos veremos alguna que otra noche, quién sabe, tal vez algunas vueltas más adelante acompañada te pueda encontrar y de la mano agarrada a mi dama de blanco pueda llevar, en alguna noche que nos paremos a saludar.
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